8/10/12

Sex Mundi + Sexo, la revolución + Historia del erotismo



*

"Sex Mundi, la aventura del sexo", es una serie documental sobre sexo, en 15 capítulos. El tema, como era de esperar, no es el hielo, precisamente...

Me ha gustado que la serie concluya con el episodio "Sexo y humor".

El contenido, claro, es para adultos, y aquí va el listado de episodios:


Sex Mundi, la aventura del sexo

1- El sexo del siglo XXI

2- Atracción sexual

3- ¿De verdad somos monógamos?

4- Fantasías

5- Los juegos del placer

6- Bendita pubertad

7- Sexo y negocio

8- Los cinco sentidos

9- ¿El tamaño importa?

10- Identidad sexual

11- Lo prohibido

12- Vida sin sexo

13- El momento más deseado

14- Minorías eróticas

15- Sexo y humor

_


Sex Mundi (2011)


* *


Otra serie interesante, tanto sexual como sociológicamente es "Sexo, la revolución", que se centra en la revolución sexual, en 4 episodios.



Sexo, la revolución


1-Resérvate para el matrimonio


2-El big-bang


3-Haz lo tuyo


4-Amor mancillado



* * *


Y en este documental italiano se abarca, sin dilación, la "Historia del erotismo". ¿Quién da más? El erotismo, claro.


*

22/8/12

Cantar de los cantares


CANTAR DE LOS CANTARES

DE SALOMÓN







Capítulo 1
La esposa y las hijas de Jerusalén 
1:1 Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.
1:2 ¡Oh, si él me besara con besos de su boca! 
 Porque mejores son tus amores que el vino. 
1:3 A más del olor de tus suaves ungüentos, 
Tu nombre es como ungüento derramado; 
Por eso las doncellas te aman. 
1:4 Atráeme; en pos de ti correremos. 
El rey me ha metido en sus cámaras; 
Nos gozaremos y alegraremos en ti; 
Nos acordaremos de tus amores más que del vino; 
Con razón te aman. 
1:5 Morena soy, oh hijas de Jerusalén, pero codiciable 
Como las tiendas de Cedar, 
Como las cortinas de Salomón. 
1:6 No reparéis en que soy morena, 
Porque el sol me miró. 
Los hijos de mi madre se airaron contra mí; 
Me pusieron a guardar las viñas; 
Y mi viña, que era mía, no guardé. 
1:7 Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, 
Dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; 
Pues ¿por qué había de estar yo como errante 
Junto a los rebaños de tus compañeros? 
1:8 Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, 
Ve, sigue las huellas del rebaño, 
Y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores.
La esposa y el esposo 
1:9 A yegua de los carros de Faraón 
Te he comparado, amiga mía. 
1:10 Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, 
Tu cuello entre los collares. 
1:11 Zarcillos de oro te haremos, 
Tachonados de plata. 
1:12 Mientras el rey estaba en su reclinatorio, 
Mi nardo dio su olor. 
1:13 Mi amado es para mí un manojito de mirra, 
Que reposa entre mis pechos. 
1:14 Racimo de flores de alheña en las viñas de En-gadi 
Es para mí mi amado. 
1:15 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía;
He aquí eres bella; tus ojos son como palomas. 
1:16 He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y dulce; 
Nuestro lecho es de flores. 
1:17 Las vigas de nuestra casa son de cedro, 
Y de ciprés los artesonados. 


Capítulo 2
2:1 Yo soy la rosa de Sarón, 
Y el lirio de los valles. 
2:2 Como el lirio entre los espinos, 
Así es mi amiga entre las doncellas. 
2:3 Como el manzano entre los árboles silvestres, 
Así es mi amado entre los jóvenes; 
Bajo la sombra del deseado me senté, 
Y su fruto fue dulce a mi paladar. 
2:4 Me llevó a la casa del banquete, 
Y su bandera sobre mí fue amor. 
2:5 Sustentadme con pasas, confortadme con manzanas; 
Porque estoy enferma de amor. 
2:6 Su izquierda esté debajo de mi cabeza, 
Y su derecha me abrace. 
2:7 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, 
Por los corzos y por las ciervas del campo, 
Que no despertéis ni hagáis velar al amor, 
Hasta que quiera. 
2:8 ¡La voz de mi amado! He aquí él viene 
Saltando sobre los montes, 
Brincando sobre los collados. 
2:9 Mi amado es semejante al corzo, 
O al cervatillo. 
Helo aquí, está tras nuestra pared, 
Mirando por las ventanas, 
Atisbando por las celosías. 
2:10 Mi amado habló, y me dijo: 
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. 
2:11 Porque he aquí ha pasado el invierno, 
Se ha mudado, la lluvia se fue; 
2:12 Se han mostrado las flores en la tierra, 
El tiempo de la canción ha venido, 
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. 
2:13 La higuera ha echado sus higos, 
Y las vides en cierne dieron olor; 
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. 
2:14 Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, 
Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; 
Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto. 
2:15 Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; 
Porque nuestras viñas están en cierne. 
2:16 Mi amado es mío, y yo suya; 
El apacienta entre lirios. 
2:17 Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, 
Vuélvete, amado mío; sé semejante al corzo, o como el cervatillo 
Sobre los montes de Beter.
  

Capítulo 3
El ensueño de la esposa 
3:1 Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; 
Lo busqué, y no lo hallé. 
3:2 Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; 
Por las calles y por las plazas 
Buscaré al que ama mi alma;
Lo busqué, y no lo hallé. 
3:3 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, 
Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma? 
3:4 Apenas hube pasado de ellos un poco, 
Hallé luego al que ama mi alma; 
Lo así, y no lo dejé, 
Hasta que lo metí en casa de mi madre, 
Y en la cámara de la que me dio a luz. 
3:5 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, 
Por los corzos y por las ciervas del campo, 
Que no despertéis ni hagáis velar al amor, 
Hasta que quiera. 
El cortejo de bodas
3:6 ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo, 
Sahumada de mirra y de incienso 
Y de todo polvo aromático? 
3:7 He aquí es la litera de Salomón; 
Sesenta valientes la rodean, 
De los fuertes de Israel. 
3:8 Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra;
Cada uno su espada sobre su muslo, 
Por los temores de la noche. 
3:9 El rey Salomón se hizo una carroza 
De madera del Líbano. 
3:10 Hizo sus columnas de plata, 
Su respaldo de oro, 
Su asiento de grana, 
Su interior recamado de amor 
Por las doncellas de Jerusalén. 
3:11 Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón 
Con la corona con que le coronó su madre en el día de su desposorio, 
Y el día del gozo de su corazón.

  
Capítulo 4
El esposo alaba a la esposa 
 4:1 He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; 
Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; 
Tus cabellos como manada de cabras 
Que se recuestan en las laderas de Galaad. 
4:2 Tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas, 
Que suben del lavadero, 
Todas con crías gemelas, 
Y ninguna entre ellas estéril. 
4:3 Tus labios como hilo de grana, 
Y tu habla hermosa; 
Tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo. 
4:4 Tu cuello, como la torre de David, edificada para armería; 
Mil escudos están colgados en ella, 
Todos escudos de valientes. 
4:5 Tus dos pechos, como gemelos de gacela, 
Que se apacientan entre lirios. 
4:6 Hasta que apunte el día y huyan las sombras, 
Me iré al monte de la mirra, 
Y al collado del incienso. 
4:7 Toda tú eres hermosa, amiga mía, 
Y en ti no hay mancha. 
4:8 Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía; 
Ven conmigo desde el Líbano. 
Mira desde la cumbre de Amana, 
Desde la cumbre de Senir y de Hermón, 
Desde las guaridas de los leones, 
Desde los montes de los leopardos. 
4:9 Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; 
Has apresado mi corazón con uno de tus ojos, 
Con una gargantilla de tu cuello. 
4:10 ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! 
¡Cuánto mejores que el vino tus amores, 
Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!
4:11 Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; 
Miel y leche hay debajo de tu lengua; 
Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano. 
4:12 Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; 
Fuente cerrada, fuente sellada. 
4:13 Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, 
De flores de alheña y nardos; 
4:14 Nardo y azafrán, caña aromática y canela, 
Con todos los árboles de incienso; 
Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas. 
4:15 Fuente de huertos, 
Pozo de aguas vivas, 
Que corren del Líbano. 
4:16 Levántate, Aquilón, y ven, Austro; 
Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. 
Venga mi amado a su huerto, 
Y coma de su dulce fruta.  


Capítulo 5
 5:1 Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; 
He recogido mi mirra y mis aromas; 
He comido mi panal y mi miel, 
Mi vino y mi leche he bebido. 
Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados. 
El tormento de la separación 
5:2 Yo dormía, pero mi corazón velaba. 
Es la voz de mi amado que llama: 
Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, 
Porque mi cabeza está llena de rocío, 
Mis cabellos de las gotas de la noche. 
5:3 Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? 
He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? 
5:4 Mi amado metió su mano por la ventanilla, 
Y mi corazón se conmovió dentro de mí. 
5:5 Yo me levanté para abrir a mi amado, 
Y mis manos gotearon mirra, 
Y mis dedos mirra, que corría 
Sobre la manecilla del cerrojo. 
5:6 Abrí yo a mi amado; 
Pero mi amado se había ido, había ya pasado; 
Y tras su hablar salió mi alma. 
Lo busqué, y no lo hallé; 
Lo llamé, y no me respondió. 
5:7 Me hallaron los guardas que rondan la ciudad; 
Me golpearon, me hirieron; 
Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros. 
5:8 Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si halláis a mi amado, 
Que le hagáis saber que estoy enferma de amor. 
La esposa alaba al esposo 
5:9 ¿Qué es tu amado más que otro amado, 
Oh la más hermosa de todas las mujeres? 
¿Qué es tu amado más que otro amado, 
Que así nos conjuras? 
5:10 Mi amado es blanco y rubio, 
Señalado entre diez mil. 
5:11 Su cabeza como oro finísimo; 
Sus cabellos crespos, negros como el cuervo. 
5:12 Sus ojos, como palomas junto a los arroyos de las aguas, 
Que se lavan con leche, y a la perfección colocados. 
5:13 Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores; 
Sus labios, como lirios que destilan mirra fragante. 
5:14 Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos; 
Su cuerpo, como claro marfil cubierto de zafiros. 
5:15 Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de oro fino; 
Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. 
5:16 Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. 
Tal es mi amado, tal es mi amigo, 
Oh doncellas de Jerusalén. 


Capítulo 6
Mutuo encanto del esposo y de la esposa 
 6:1 ¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? 
¿A dónde se apartó tu amado, 
Y lo buscaremos contigo? 
6:2 Mi amado descendió a su huerto, a las eras de las especias, 
Para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios. 
6:3 Yo soy de mi amado, y mi amado es mío; 
El apacienta entre los lirios. 
6:4 Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; 
De desear, como Jerusalén; 
Imponente como ejércitos en orden. 
6:5 Aparta tus ojos de delante de mí, 
Porque ellos me vencieron. 
Tu cabello es como manada de cabras 
Que se recuestan en las laderas de Galaad. 
6:6 Tus dientes, como manadas de ovejas que suben del lavadero, 
Todas con crías gemelas, 
Y estéril no hay entre ellas. 
6:7 Como cachos de granada son tus mejillas 
Detrás de tu velo. 
6:8 Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, 
Y las doncellas sin número; 
6:9 Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; 
Es la única de su madre, 
La escogida de la que la dio a luz. 
La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; 
Las reinas y las concubinas, y la alabaron. 
6:10 ¿Quién es ésta que se muestra como el alba, 
Hermosa como la luna, 
Esclarecida como el sol, 
Imponente como ejércitos en orden? 
6:11 Al huerto de los nogales descendí 
A ver los frutos del valle, 
Y para ver si brotaban las vides, 
Si florecían los granados. 
6:12 Antes que lo supiera, mi alma me puso 
Entre los carros de Aminadab. 
6:13 Vuélvete, vuélvete, oh sulamita; 
Vuélvete, vuélvete, y te miraremos. 
¿Qué veréis en la sulamita? 
Algo como la reunión de dos campamentos. 


Capítulo 7
 7:1 ¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias, 
Oh hija de príncipe! 
Los contornos de tus muslos son como joyas, 
Obra de mano de excelente maestro. 
7:2 Tu ombligo como una taza redonda 
Que no le falta bebida. 
Tu vientre como montón de trigo 
Cercado de lirios. 
7:3 Tus dos pechos, como gemelos de gacela. 
7:4 Tu cuello, como torre de marfil; 
Tus ojos, como los estanques de Hesbón junto a la puerta de Bat-rabim; 
Tu nariz, como la torre del Líbano, 
Que mira hacia Damasco. 
7:5 Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; 
Y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey 
Suspendida en los corredores.
7:6 ¡Qué hermosa eres, y cuán suave, 
Oh amor deleitoso! 
7:7 Tu estatura es semejante a la palmera, 
Y tus pechos a los racimos. 
7:8 Yo dije: Subiré a la palmera, 
Asiré sus ramas. 
Deja que tus pechos sean como racimos de vid, 
Y el olor de tu boca como de manzanas, 
7:9 Y tu paladar como el buen vino, 
Que se entra a mi amado suavemente, 
Y hace hablar los labios de los viejos. 
7:10 Yo soy de mi amado, 
Y conmigo tiene su contentamiento. 
7:11 Ven, oh amado mío, salgamos al campo, 
Moremos en las aldeas. 
7:12 Levantémonos de mañana a las viñas; 
Veamos si brotan las vides, si están en cierne, 
Si han florecido los granados; 
Allí te daré mis amores. 
7:13 Las mandrágoras han dado olor, 
Y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, 
Nuevas y añejas, que para ti, oh amado mío, he guardado.


Capítulo 8 
8:1 ¡Oh, si tú fueras como un hermano mío 
Que mamó los pechos de mi madre! 
Entonces, hallándote fuera, te besaría, 
Y no me menospreciarían. 
8:2 Yo te llevaría, te metería en casa de mi madre; 
Tú me enseñarías, 
Y yo te haría beber vino 
Adobado del mosto de mis granadas. 
8:3 Su izquierda esté debajo de mi cabeza, 
Y su derecha me abrace. 
8:4 Os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, 
Que no despertéis ni hagáis velar al amor, 
Hasta que quiera. 
El poder del amor 
8:5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, 
Recostada sobre su amado? 
Debajo de un manzano te desperté; 
Allí tuvo tu madre dolores, 
Allí tuvo dolores la que te dio a luz. 
8:6 Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; 
Porque fuerte es como la muerte el amor; 
Duros como el Seol los celos; 
Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. 
8:7 Las muchas aguas no podrán apagar el amor, 
Ni lo ahogarán los ríos. 
Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, 
De cierto lo menospreciarían. 
8:8 Tenemos una pequeña hermana, 
Que no tiene pechos; 
¿Qué haremos a nuestra hermana 
Cuando de ella se hablare? 
8:9 Si ella es muro, 
Edificaremos sobre él un palacio de plata; 
Si fuere puerta, 
La guarneceremos con tablas de cedro. 
8:10 Yo soy muro, y mis pechos como torres, 
Desde que fui en sus ojos como la que halla paz. 
8:11 Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, 
La cual entregó a guardas, 
Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto. 
8:12 Mi viña, que es mía, está delante de mí; 
Las mil serán tuyas, oh Salomón, 
Y doscientas para los que guardan su fruto. 
8:13 Oh, tú que habitas en los huertos, 
Los compañeros escuchan tu voz; 
Házmela oír. 
8:14 Apresúrate, amado mío, 
Y sé semejante al corzo, o al cervatillo, 
Sobre las montañas de los aromas. 


***

5/6/12

erotismo









_
Y más de una palabra que vale más que mil imágenes en este maravilloso ensayo de Octavio Paz sobre el amor, el deseo y el erotismo, "La llama doble".

http://es.scribd.com/doc/77495307/La-llama-Doble-Octavio-Paz-La-historia-del-amor-y-el-erotismo-en-la-literatura

Actitud (religiosa) moderada respecto a la anticoncepción y el aborto

Esto, más allá de las creencias (o no) religiosas, me parece bastante sensato. Lo he encontrado en
http://www.religiousconsultation.org/Spanish_translation.htm

>

La Actitud Católica Moderada respecto a la Anticoncepción y el Aborto

del
Profesor Daniel C. Maguire, Profesor de Teología Moral
en la Universidad de Marquette



   No hay tan sólo una actitud respecto a la anticoncepción o el aborto en la iglesia católica. Existe, por supuesto, la actitud conservadora, bien conocida, del papa y bastantes miembros de la jerarquía, y de una minoría significantiva de los teólogos católicos. Esta perspectiva afirma que los anticonceptivos artificiales y el aborto son siempre malos. Para esta perspectiva conservadora, ni siquiera un esposo cuya pareja haya contraído HIV puede usar anticonceptivos . Esta es una forma de interpretación posible de las tradiciones católica y cristiana, pero la mayoría de la gente -católica o no- piensa que es extrema. Si fuera la única postura católica, ortodoxa y legítima, sería trágico, pero no es así.
   Junto a estas enseñanzas tan estrictas existe en la tradición y fe católicas, la perspectiva de que la anticoncepción es, no sólo permisible, sino que el uso de los anticonceptivos es en muchas circunstancias obligatorio desde el punto de vista moral. Está claro que el uso de anticonceptivos es necesario para prevenir el contagio de infecciones, pero también para limitar la fertilidad. La planificación familiar es tan esencial para la vida humana como la razón. Como dice el científico Harold Dorn con lógica aplastante: "Ninguna especie ha sido capaz de multiplicarse sin límite. Desde el punto de vista biológico hay dos formas de controlar un crecimiento rápido de la población -- un índice de mortalidad alto y un índice de fertilidad bajo. Al contrario que otros organismos biológicos, los seres humanos pueden escoger cuál de estas formas prefieren, pero deben escoger una." Si hay un exceso de producción, la naturaleza nos va a matar mediante el hambre, las enfermedades y la destrucción medioambiental, como ya ocurre en tantas partes del mundo. La alternativa es la planificación familiar.
   En el mundo ideal todo el mundo tiene acceso a anticonceptivos, las mujeres y los hombres son cultos y respetuosos para con los demás, la pobreza no causa estragos n la vida de la gente --- en ese mundo, en esa utopía, apenas necesitaríamos el aborto. El mundo no es una utopía. En el mundo hay embarazos no deseados ni planeados, y las mujeres pueden, por razones serias y de peso, decidir terminarlos con un aborto. Todas las religiones del mundo lo reconocen. En mi reciente libro ELECCIONES SAGRADAS: EL DERECHO A LA ANTICONCEPCIÓN Y EL ABORTO EN DIEZ RELIGIONES DEL MUNDO (Fortress Press, 2001), demuestro que todas las grandes religiones del mundo --incluyendo el catolicismo-- reconocen que la fertilidad es una bendición que puede ser también un castigo. Todas estas religiones tienen perspectivas conservadoras respecto a la planificación familiar, gual que el catolicismo. Pero también tienen perspectivas más moderadas que permiten la anticoncepción y también el aborto cuando sea necesario por razones serias.
   En el catolicismo, esta perspectiva tan moderada y sensata no está a la vista. Desde los tejados sólo se ha predicado la perspectiva extremadamente conservadora -- sobre todo desde los tejados del Vaticano. El Vaticano también anuncia este mensaje desde el tejado de las Naciones Unidas, donde es la única religión del mundo que tiene un asiento en ese cuerpo internacional. Desde ese asiento el Vaticano ha promovido de forma muy activa la perspectiva católica más restringente respecto a la planificación familiar, aunque hay perspectivas católicas más liberales que son así mismo completa y genuinamente católicas. El Vaticano desde su actitud excesivamente privilegiada en las Naciones Unidas junto con las naciones "católicas" ---aliadas ahora recientemente con naciones musulmanas conservadoras--- se las arregló para evitar toda referencia a la anticoncepción y la planificación

Junto a esta doctrina tan estricta existe en la tradición y fe católico ramanas, la perspectiva de que la anticoncepción es, no sólo permisible, sino que el uso de los anticonceptivos es en muchas circunstancias obligatorio desde el punto de vista moral.

familiar en la conferencia de las Naciones Unidas de Río de Janeiro de 1992. Esta alianza también retrasó los procedimientos de la conferencia de la ONU en El Cairo de 1994 e impidió cualquier discusión razonable sobre el aborto. Con ironía Brundtland, el Primer Ministro de Noruega de entonces dijo de la conferencia de Río: "Los estados que no tienen ningún problema de población -- en un caso en concreto, ni siquiera nacimientos [el Vaticano] -- están haciendo todo lo posible, todo lo que está en sus manos, para evitar que el mundo tome decisiones sensatas respecto a la planificación familiar."
  Esta relación repentina entre el Vaticano y los estados musulmanes conservadores es interesante. Durante catorce siglos la relación fue tumultuosa, hasta el punto de llegar a la guerra y la persecución. Durante ese periodo de tiempo se sabía que había abortos, pero esto no causó comodidad ecuménica. ¿Cuál es el tema real, los fetos, o que estos dos bastiones patriarcales hayan formado una nueva unión para defenderse de una nueva amenaza... la necesidad urgente de la mujer de ser libre y tener determinación propia? En mi opinión la misoginia explica esta nueva y sorprendente alianza.

La Reforma Católica

   Una de las tragedias de la vida humana es la separación del poder y las ideas. Hay mucho más buen sentido y flexibilidad en la tradición católica que en sus líderes. Con frecuencia los líderes religiosos no están preparados para ser los mejores portavoces de la tradición que representan. En el catolicismo, los papas y obispos no son normalmente teólogos y con frecuencia no expresan los tesoros reales de sabiduría que el catolicismo le puede ofrecer al mundo. Pero se está produciendo un cambio al entrar gente laica en el campo de la teología católica y aportar sus experiencias de la vida real como trabajadores, padres y profesionales. La teología católica ya no es un club the clérigos, y es una ventaja.
   Uno de estos teólogos laicos es la profesora Christine Gudorf, estudiosa de fama internacional que enseña en la Universidad Internacional de Miami. Es también madre y esposa. La teología católica ha sido en los últimos siglos algo casi exclusivo de los hombres. El cambio ocurrió en la segunda mitad del siglo XX, cuando las mujeres comenzaron a enriquecer la tradición con sus investigaciones y experiencias femeninas.

[T]odas las grandes religiones del mundo -- incluyendo el catolicismo-- reconocen que la fertilidad es una bendición que puede ser también un castigo.


   Teilhard de Chardin, el erudito jesuita, dijo que nada es inteligible fuera de su historia. Comprendemos. Si perdemos nuestra historia personal por una amnesia, no sabríamos siquiera quiénes somos. Gudorf, junto con otros muchos eruditos, cree que nada les aclara la mente a las caricaturas como un paseo vigorizante por la historia.

La Historia Católica

   Gudorf señala que cuando surgió el cristianismo se conocían y practicaban tanto la anticoncepción como el aborto. Los egipcios, judios, griegos y romanos utilizaban varios métodos de anticoncepción, incluído el coitus interruptus, pesarios, pociones y condones, y parece ser que el aborto era un fenómeno ampliamente extendido. Los cristianos tenían conocimiento de esto y aunque algunos líderes religiosos intentaron suprimirlo no tuvieron nunca un éxito total.
   Sorprendentemente, el aborto y la anticoncepción no eran las formas más comunes de limitar la fertilidad en Europa incluso antes de la llegada del cristianismo. El infanticidio era el método principal, al igual que en el resto del mundo. El cristianismo reaccionó contra el infanticidio, pero existe evidencia de que continuó practicándose. En documentos de la última parte del medievo y la primera de la época moderna se observa una gran incidencia de muerte infantil "por accidente" causada por niños que "se habían dado la vuelta" o niños ahogados, o decían que el niño había "nacido muerto." Como dice Gudorf, "la cantidad de niños aplastados no podía ser sólamente un accidente."
   De todas formas durante la edad media el infanticidio era mucho menos común que el abandono. Con más frecuencia, los padres que no podían cuidar a sus hijos, los abandonaban en un cruce de caminos, en las puertas de las casas o en el mercado, con la esperanza de que algún transeunte los adoptara. (Con frecuencia los niños estaban condenados a una vida de esclavitud y muerte temprana.) Para minimizar esta crisis, la iglesia de la edad media ofreció la "oblación." Quería decir que los padres podían ofrecer los niños a la iglesia y crecían en monasterios religiosos. Muchos de ellos se hicieron monjas y monjes célibes, y así se pudo contener también la fertilidad.
   Otra respuesta católica al exceso de fertilidad fue la undación de inclusas. Las inclusas tenían un torno giratorio (ruota) donde se podía colocar a los niños de forma anónima y luego el torno giraba y el niño estaba dentro. Las intenciones eran mejores que los recursos y la gran mayoría de estos niños, a veces el 90 por ciento, morían a los pocos meses. Debido a la dependencia en el infanticidio y el abandono, no sorprende que no se hablara mucho del aborto y la anticoncepción. Como dice Gudorf, "las principales batallas pastorales del primer milenio fueron sobre el infanticidio, cuya prohibición aumentó sin duda el índice de los abandonos." Una orma común y cruel del control de la natalidad era el alto índice de mortalidad de niños debido a deficiencias nutritivas, higiénicas o médicas.

Enseñanzas Católicas sobre la Anticoncepción y el Aborto

   La doctrina católica sobre la anticoncepción y el aborto no han sido constantes para nada. Lo que la mayoría de la gente --incluyendo la mayoría de los católicos-- piensa cuando se refiere a "la actitud católica" respecto a estos temas data de hecho de la encíclica de 1930, Casti Connubii, del Papa Pío XI. Con anterioridad la doctrina de la iglesia eran un cajón de sastre. El papa decidió poner orden a la tradición y cambiarla diciendo que la anticoncepción y la esterilización atentaban contra la naturaleza y que el aborto atentaba contra la vida.
Como dice Gudorf, "la anticoncepción y el aborto estaban prohibidos normalmente" en la doctrina anterior, pero los dos se asociaban normalmente con la brujería. Para el Papa Gregorio IX en el Decreto de 1230 tanto la anticoncepción como el aborto son "homicidios." Algunos penitenciales de la primera parte de la edad media ordenan siete años de ayuno a an y agua para un laico que cometa un homicidio y un año por practicar un aborto, pero siete años por esterilización. La esterilización se consideraba más seria que el aborto porrazones anti sexuales, más que "a favor de la vida". La actitud tradicional cristiana ante la sexualidad era tan negativa que sólo la reproducción podía justificar una actividad tan inmoral. El aborto impedía la fertilidad una vez, mientras que la esterilización la impedía para siempre y era por tanto más seria. También el hecho de que no se conociera muy bien la función del óvulo hasta el siglo XIX contribuía a que pensaran que el esperma eran pequeños homunculi, gente en miniatura, y por esta razón llamaban homicidio a la masturbación masculina. La ética sexual de la historia cristiana es decididamente un baturrillo. Para comprenderla realmente y poder formar un juicio de valor sobre las opciones morales católicas es necesario conocer un poco mejor la historia.

La Elección Católica del Aborto

   Aunque apenas se reconoce en la mayoría de los discursos públicos internacionales, la actitud católica sobre el aborto es pluralista. Hay una gran tradición "a favor del aborto" y una tradición conservadora en contra. Ninguna es oficial y una no es más católica que la otra. El intento de la jerarquía de presentarnos la actitud católica como una sola voz, un negativo que no ha cambiado y se ha dejado llevar durante veinte siglos de consenso no perturbado no es cierto. Al sacar a la luz esta apertura auténtica hacia la elección del aborto y la anticoncepción en el centro de las tradiciones, la situación de la actitud en contra del aborto se presenta como una másentre las varias posiciones católicas.
   La Biblia no condena el aborto. Cuando más se aproxima es en el Éxodo 21:22, en el cual habla del aborto por accidente. Le impone una multa a un hombre que "durante el transcurso de una pelea" hizo que una mujer perdiera a su hijo. El tema en este caso es el derecho del padre a tener descendencia; te puede multar por hacer algo erróneo, pero no te puede hacer pagar "ojo por ojo" como si hubieras matado a alguien. Por eso, como dice el teólogo conservador John Connery, S.J., "el feto no tenía la misma categoría que la madre en las leyes hebreas." No tenía la categoría moral de persona. Eso es lo que dice la Biblia al respecto.

"Los estados que no tienen ningún problema de población … ni siquiera nacimientos [el Vaticano] -- están haciendo todo lo posible, todo lo que está en sus manos, para evitar que el mundo tome decisiones sensatas respecto a la planificación familiar."

   La historia temprana de la iglesia sigue el ejemplo de las escrituras respecto al aborto y habla de ello sólo de forma accidental o esporádica. Ciertamente no hay ningún estudio sistemático de la cuestión hasta el siglo XV. Un escritor temprano de la iglesia, Tertuliano, habla de lo que hoy llamaríamos aborto de urgencia de la última parte del embarazo, cuando los médicos tuvieron que desmembrar un feto para sacarlo, y llama a esta medida de urgencia "crudelitas necessaria", una crueldad necesaria. Evidentemente esto equivale a la aprobación moral de lo que algunos llaman hoy de forma errónea un "aborto de nacimiento parcial."
   Algo que se desarrolla temprano y se impone como tradición dominante en la cristiandad es la teoría de la hominización tardía o la llegada del alma. Es un préstamo griego y decía que el alma humana espiritual no llegaba al feto hasta incluso tres eses de embarazo. Hasta entonces la vida que estuviera ahí no era humana. Opinaban que el conceptum estaba habitado hasta entonces primero por un alma vegetativa, luego un alma animal y sólo cuando estaba lo suficientemente formado, por un alma espiritual humana. (Ver, por ejemplo, Tomás de Aquino, Summa Theologiae 1, q. 118,2 ad 2) Aunque hubo algunos intentos machistas que dijeron que el alma masculina llegaba más pronto---quizá al mes y medio del embarazo---la regla para decidir cuándo alcanza el feto el grado de "bebe" era de tres meses o incluso más tarde. Como escribe Christine Gudorf, la perspectiva pastoral común era "que la llegada del alma ocurría cuando la madre comenzaba a notar que el feto se movía en el útero, normalmente al principio del quinto mes. Antes de la llegada del alma no se consideraba al feto como persona humana. Por esta razón la iglesia no bautizaba a los que habían muerto por abortos naturales o habían nacido muertos.
   Reflexionando sobre la creencia pía en la resurrección de todos los muertos al final del mundo, Agustín se pregunta si los fetos tempranos como resultado de abortos naturales también se levantarían. Dijo que no. Añadió que tampoco se levantaría todo el esperma de la historia. (Por lo cual estamos agradecidos.) La conclusión a la que llegaron los teólogos católicos latinoamericanos en un estudio reciente es la siguiente: "Parece ser que los textos que condenan el aborto en la iglesia temprana se refieren al aborto de un feto formado plenamente." (Problemática Religiosa de la Mujer que Aborta, Universidad Externado de Colombia, 1994) Ni el feto temprano tiene la categoría depersona, ni matarlo entraría en la categoría de asesinato.
   Esta idea de la entrada tardía del alma perduró a lo largo de la tradición. Santo Tomás de Aquino, el más estimado de los teólogos medievales, opinaba lo mismo. Por lo tanto, la postura más tradicional y testaruda de la cristiandad católica es que los abortos tempranos no son asesinatos. Puesto que la mayoría de los abortos practicados hoy en día son abortos tempranos, no son, de acuerdo con esta tradición católica, asesinatos. Así mismo, todas las interrupciones del embarazo efectuadas a través del uso de RU 486 no se considerarían asesinatos de personas humanas de acuerdo con esta tradición católica de "hominización tardía." El padre Joseph Donceel, S.J. expresa una conclusión obvia: "el embrión no es desde luego una persona humana durante las primeras etapas del embarazo, y por consecuencia, no es inmoral terminar elembarazo durante esta época, asumiendo que haya razones serias para tal intervención."
   El padre Karl Rahner, S.J., a quien muchos consideran el primer teólogo católico del siglo XX, también está de acuerdo con la idea de la hominización tardía. Escribió en su Dokumente der Paulusgesellschaft en 1962: "No se puede interpretar a través de las definiciones dogmáticas de la Iglesia que asumir que el salto a persona-espíritu ocurre sólo durante el transcurso del desarrollo del embrión, sea contrario a la fe. Ningún teólogo proclamaría la habilidad de probar que la interrupción intencional del embarazo [aborto] es en cada caso el asesinato de un ser humano." Bernard Haring, el estimado teólogo redentorista también defiende la idea de la hominización tardía. En este sentido nos muestran que son tradicionalistas auténticos.
   En el siglo XV, el santo arzobispo de Florencia, Antonino, estudió mucho el tema del aborto. Estaba a favor de los abortos tempranos para salvar la vida de la madre, afirmación con la que estaban de acuerdo muchos miembros en el contexto de la medicina del siglo XV. Esto se convirtió en la enseñanza común. El Vaticano no lo criticó por ello.
   De hecho fue canonizado más tarde como santo y por lo tanto como modelo para todos los católicos. Muchos católicos no saben que hay un santo católico que estaba a favor de la elección que fue también arzobispo y dominico.

En el catolicismo, los papas y obispos no son normalmente teólogos y con frecuencia no expresan los tesoros reales de sabiduría que el catolicismo le puede ofrecer al mundo.

   En el siglo XV, el santo arzobispo de Florencia, Antonino, estudió mucho el tema del aborto. Estaba a favor de los abortos tempranos para salvar la vida de la madre, afirmación con la que estaban de acuerdo muchos miembros en el contexto de la medicina del siglo XV. Esto se convirtió en la enseñanza común. El Vaticano no lo criticó por ello. De hecho fue canonizado más tarde como santo y por lo tanto como modelo para todos los católicos. Muchos católicos no saben que hay un santo católico que estaba a favor de la elección que fue también arzobispo y dominico.
   En el siglo XVI, el influyente Antonino de Córdoba dijo que se prodría tomar medicina abortiva incluso más tarde en el embarazo si la salud de la madre lo requería. La madre, insistía, tenía un jus prius, un derecho anterior. Alguna de las enfermedades de las que hablaba no parecen ser tema de vida muerte para las mujeres y aún así afirma que la medicina abortiva inluso en estos casos está permitida moralmente. El teólogo jesuita Thomas Sánchez que murió al principio del siglo XVII dijo que todos los teólogos católicos contemporáneos suyos estaban a favor del aborto temprano para salvar la vida de la madre. Ninguno de estos teólogos u obispos fueron censurados por sus opiniones. Fijémonos de nuevo en el hecho de que uno de ellos, San Antonino, fue canonizado como santo. Su actitud limitada a favor de la elección se consideraba completamente ortodoxa y aún puede ser considerada así hoy en día. En el siglo XIX, invitaron al Vaticano a participar en el debate sobre un aborto muy tarde en el embarazo, en el que sería necesario desmembrar un feto formado para salvar la vida de la madre. El 2 de septiembre de 1869 el Vaticano renunció a pronunciarse sobre el caso. Refirió al que hizo la pregunta a la doctrina de los teólogos acerca del tema. Era, en otras palabras, asunto de los teólogos hablar de llo con libertad y llegar a una conclusión. La decisión no era del Vaticano. Esta modestia tan apropiada y la falta de inclinación para intervenir es un modelo católico antiguo y sabio del cual el Vaticano actual podría aprender la lección.
   Esta breve excursión a través de la historia nos muestra que en la historia católica la postura "a favor del aborto" coexiste con la postura "en contra" y ninguna postura puede reclamar el derecho a ser más auténtica que la otra. La postura a favor de la justicia moral del aborto por razones de peso es de hecho la postura principal de los estudiosos religiosos, incluyendo el catolicismo. Los católicos son libres de tomar sus propias decisiones de acuerdo a su conciencia según esta historia. Ni siquiera los papas afirman que la postura que prohibe todos los abortos y los anticonceptivos sea infalible. La doctrina respecto a los abortos no es sólo no infalible, sino que está, como dice Gudorf, "sin desarrollar." El aborto no era la "el modo favorito de control de la natalidad porque, hasta bien entrado el siglo XX, era extremadamente peligroso para la madre." No había ninguna enseñanza católica coherente respecto al tema, como nos ha demostrado nuestra breve excursión a través de la historia, y tampoco la hay aún. Unos cuantos estudiosos católicos actuales dicen que cualquier aborto directo es malo, algunos dicen que los casos de peligro para la madre, concepción por violación, deformidad genética detectada u otras razones, son excepciones. La sensata conclusión de Gudorf es: "La mejor evidencia es que la postura católica no sólo no es inamovible, sino que evoluciona."

Todas estas religiones tienen perspectivas conservadoras respecto a la planificación familiar... Pero también tienen perspectivas más moderadas que permiten la anticoncepción y … el aborto … por razones serias.

   Uno de los tesoros de la tradición moral católica era la teoría del Probabilismo. El probabilismo se puede aplicar a la justificación del aborto. El probabilismo defendía que una obligación dudosa, una "que no fuera inamobible", como dice Gudorf, no puede obligar como si fuese cierta. Ubi dubium ibi libertas, donde hay duda hay libertad. Hay duda cuando hay buenas autoridades y buenas razones para una perspectiva más liberal, aunque haya más autoridades y razones en contra. En ese caso la conciencia católica es libre. Prestemos atención al hecho de que el Probabilismo fue un triunfo católico en la defensa de la conciencia. No dependía de la autoridad jerárquica, sino de de la perspicacia, la nuestra o la de expertos de fiar. No dependía de la jerarquía, cuya mayoría no son teólogos. No dependía de permisos, sino de visión, la nuestra o la de la gente en quien confiamos. Desde el punto de vista técnico de la teología moral católica , el derecho a escoger un aborto por razones serias es una "opinión solidamente probable."

Sexo, Mujeres y el Sensus Fidelium

   Ciertas asunciones culturales influyen mucho siempre en los debates sobre sexualidad y reproducción. Normalmente implican actitudes hacia las mujeres y el sexo. Una cultura que considera a las mujeres como origen del mal, como Pandora y Eva va a tener problemas a la hora de justificar tener relaciones sexuales con ellas y puede concluir que sólo la reproducción podría justificar la confabulación sexual con las mujeres. Eso es exactamente lo que ocurre en la cristiandad. Agustín dijo que si no fuera por la reproducción las mujeres no servirían absolutamente para nada. Según él "en cualquier otra tarea un hombre podría ayudar a otro hombre mejor que una mujer." La actitud de las primeras comunidades hacia las mujeres era venenosa. El derecho mosaico asumía la propiedad masculina de la mujer. Los escritores de la iglesia temprana decían que las mujeres carecían de razón y sólo poseían la imagen de Dios por medio de una conexión con los hombres. Para Lutero las mujeres eran como clavos en la pared, cuya naturaleza les prohibía salir de su situación doméstica. Y santo Tomás de Aquino decía que las hembras eran el producto de los embriones machos que habían sufrido algún daño y que, mediante algún accidente en el seno materno, se convertían en hembras. Como dice la profesora Gudorf en su libro refrescantemente sensato Cuerpo, Sexo y Placer (The Pilgrim Press), la iglesia ha rechazado todos esos desatinos pero "continúa enseñando la mayoría del código sexual moral fundado en tales pensamientos."
   No es de extrañar que haya una nueva forma de pensar respecto a la ética sexual y reproductiva. Como dice Gudorf: "En el último siglo la iglesia católica (y la cristiandad en general) ha cuestionado drásticamente el significado del matrimonio, la dignidad y el valor de la mujer, la relación entre cuerpo y alma, y el papel del placer corporal en la vida cristiana, el conjunto de los cuales tienen implicaciones revolucionarias para las doctrinas de la iglesia sobre sexualidad y reproducción. En efecto, los cimientos de las antiguas prohibiciones han sido derribados y los nuevos no van a soportar el peso de las prohibiciones tradicionales."
   Gudorf y otros teólogos católicos no están solos dentro de la iglesia en este cambio de las doctrinas católicas tan dramático e importante. En 1954 el papa Pío XII preparó el camino para un cambio en la doctrina católica cuando permitió el método rítmico. Aunque hizo alguna pequeña objeción sobre el método a usar, bendijo el intento de anticoncepción y los resultados de la anticoncepción. Incluso dijo que un matrimonio podría tener más de una razón para evitar tener hijos por completo. En 1968 cuando el papa Pablo VI reafirmó la perspectiva de que toda anticoncepción mecánica o química era pecaminosa, los obispos católicos de catorce países diferentes estuvieron en desacuerdo respetuosamente y dijeron a los fieles que no eran pecadores si no podían aceptar esta doctrina papal.
   La mayoría del laicado, por supuesto, ya había tomado una decisión. Los índices de natalidad en las naciones llamadas católicas" de Europa y Lationamérica son negativos, o casi y, como dice Gudorf con ironía, "es didícil creer que la fertilidad se redujo a la mitad a través de la abstinencia sexual voluntaria." La doctrina de la iglesia dispone de los medios adecuados para tal disensión de la doctrina jerárquica del laicado católico. El sensus fidelium, el sentido de los fieles es una de las fuente de verdad de la teología católica. Quiere decir que las conciencias y experiencias de la gente buena son un poste indicador que incluso la jerarquía debe consultar.
   Historicamente el mejor catolicismo no es tan rígido como nos lo muestran muchos obispos, papas y conservadores temerosos. Hay, como dice el teólogo católico Charles Curran, disensión en la doctrina jerárquica que está "dentro y a favor de la iglesia." A través de gran parte de la historia católica la jerarquía enseñó que cobrar interés por un préstamo era un pecado de usura --incluso una cantidad mínima. El laicado vio que esto era un error y decidieron que demasiado interés era pecaminoso y que una cantidad razonable no lo era. Un siglo o dos más tarde, la jerarquía estuvo de acuerdo...sobre todo después de que el Vaticano abriera un banco y aprendiera algunos hechos de la vida financiera. El laicado está de nuevo, junto con los teólogos, dirigiendo a la iglesia respecto a la libertad moral de practicar la anticoncepción y usar el aborto como recurso cuando sea necesario. Quizá si los miembros de la jerarquía estuviesen casados y tuviesen familia, podrían seguir la sabiduría del laicado respecto a este tema a un paso más vivo. Sería una pena que tardaran un siglo o dos en respetar la conciencia del laicado, ya que esa conciencia tiene su cimiento y belleza en la experiencia vivida y embellecida del matrimonio y los hijos.
   La profesora Christine Gudorf es optimista respecto a este tema. Cree que dentro de una generación o dos la doctrina católica "cambiará para fomentar la anticoncepción en el matrimonio y permitir el aborto temprano en ciertas circunstancias." Continúa: "Este cambio ocurrirá porque según se enfrenta la iglesia católica a la realidad de una biosfera que intenta sobrevivir en torno a una población humana numerosísima, discernirá la voluntad de Dios y la presencia del Espíritu en las elecciones de aquellos que elijan compartir la responsabilidad de las vidas y la salud y prosperidad de las generaciones futuras al no reproducirse ellos mismos, incluso si esa elección implica la anticoncepción artificial o el aborto temprano."
   Como teólogo católico no soy tan optimista como la profesora Gudorf respecto a un cambio jerárquico en un futuro cercano. Pero a los católicos bien informados realmente no les importa. La iglesia ha cambiado aunque la jerarquía no lo haya hecho. El sensus fidelim, el sentido de los fieles, ha cambiado. Los teólogos han recuperado los mejores pensamientos de la tradición católica y han hecho explotar la caricatura restringente que ha distorsionado la imagen del catolicismo moderno. Dos filósofos católicos, profesores de la Universidad de Seattle, una universidad católica jesuíta escribieron un libro llamado Una Defensa del Aborto Católica, Liberal y Breve (University of Illinois Press). Concluyen: "Sostenemos que la mayoría de la teología católica del siglo XX sobre el aborto es una caricatura de la rica y variada tradición del catolicismo respecto a este tópico."
   Repetir como un loro las perspectivas conservadoras y más extremas respecto a la ética reproductiva según está enunciada en la teología del Vaticano no le ayuda a la iglesia católica ni al mundo. Presentarlos como la única perspectiva católica ortodoxa denigra e insulta la riqueza de la tradicional moral católica. 

25/4/12

That old feeling: when porno was chic, Richard Corliss


That Old Feeling: When Porno Was Chic
Tuesday, Mar. 29, 2005

This column is rated NC17 for explicit nostalgia.
Here's a little statistic that means a lot. In hotel rooms where pornography is available, two-thirds of all movie purchases are for pornos; and the average time they are watched is 12 minutes. The image instantly summoned is of the traveling businessman who wants a smidge of sexual exercise before retiring, but who is too tired, timid or cheap to summon a call girl. He cares little about whatever niceties of dialogue or mise-en-scene the movie may contain. He seeks only a brisk hand job, self-applied, then clicks off the TV, and so to bed. Someone I know, on hearing of this archetypal businessman, wondered, "What did he do the other seven minutes?"
Pornography is big business: an industry that earns an estimated $57 billion worldwide annually —$20 billion just for adult movies in the U.S., where some 800 million videos are rented each year, according to Paul Fishbein, the founding president of Adult Video News. "And I don't think that it's 800 guys renting a million tapes each," he told CBS News. Fishbein means that the phenomenon can't be simply a big-city, left-wing perversion; a good many of those renters, those consumers of hotel porn, have to be red-staters. Which is why, among all the cries in favor of traditional values and against naughty TV, you haven't seen many county sheriffs or G-men forcing the old smut peddler do a perp walk. Porn doesn't affront contemporary community standards. It is a contemporary community standard.
There's a lot of porn out there. But nobody's calling it art. Or even, technically, film. (The industry has been virtually all-video for a couple of decades.) Porn is a commodity, with no more pretension to art than the most mindless kiddie show. For the weary businessman it's just a combination Viagra and Ambien.
How drab this seems compared to the heady days of the early 70s, when "There was something exciting about pornography," as Norman Mailer says in the new documentary Inside Deep Throat. "It lived in some mid-world between crime and art. And it was adventurous." Porn films preoccupied critics, cops and the courts. Often financed by Mafia families, they attracted the crusading instincts of local, state and federal prosecutors, who shut down the films and secured the conviction of one actor. They were directed by men who could fancy themselves as artists, and starred off-Broadway actors as well as the occasional gifted ingenue —like Linda Lovelace, star of the movie that created the craze (and the phrase) "porno chic," Deep Throat.
Mainstream newspapers (the Timeses of New York and Los Angeles, the Chicago Sun-Times' Roger Ebert) and magazines (TIME and Newsweek) reviewed the more ambitious soft-core movies in the 60s and then hard-core, when it was legally exhibited. Why? Because it was sufficiently dangerous, popular, newsworthy and, frequently, ambitious to warrant the interest of reviewers. The opinion of many of them, including me, was that there might be a meeting of pornography, which had quickly established a kind of artistic pedigree, and Hollywood, which was striding toward explicit sexuality. That was also the belief of Deep Throat's writer-director, Gerard Damiano, who said in 1973: "If it's left alone, within a year sex will just blend itself into film. It's inevitable."
To anyone who wasn't around in the early 70s, this statement must sound utopian, if not delusional. Well (and I know I've written this before, but this time, children, it's true), things really were different then. You get a sense of those old New Days in Fenton Bailey and Randy Barbato's Inside Deep Throat, a snazzy documentary now playing in theaters and coming soon to HBO, and a more synoptic view in the new book The Other Hollywood: The Uncensored Oral History of the Porn Film Industry, by Legs McNeil, Jennifer Osborne and Peter Pavia. Diving into the nearly 600 pages of unmediated testimony from the actors, directors and producers, and the cops who kept track of them and tried to bring them down, a reader gets an inside look at a time when porn —the entire cultural life —was different, bolder, weirder, better.
But don't take my word for it. Listen to the Inside Deep Throat testimony of Damiano —now 76 and a Florida retiree, his trousers pulled nearly up to his tits, old-man style. "You had to be there," he says. "You had to be there. I'm thrilled that I was there. And I thank God I had a camera."

DOING IT IN SECRET
Damiano's camera could be turned on, but if the actors weren't, he'd have no blue movie. (Blue, don't ask me why, was the word to describe a dirty joke, an aching scrotum or a pornographic film. Two stag-film collections that opened in 1970 were called A History of the Blue Movie and Hollywood Blue.) Where was a director to find people who would consent to be photographed having sex? And where would he find sex workers who could convincingly play roles —act —in a feature-length, talking picture?
Two genres combined to create 70s porn. One, shown in theaters, was the soft-core sex film: basically a low-budget fiction feature with heavy-breathing innuendo, simulated lovemaking and the occasional, calculated exposure of skin (They were called skin flicks.) The genre boomed in 1959 with the smash success of Russ Meyer's nudie comedy The Immoral Mr. Teas, which cued a five-year run of so-called nudie-cuties. Says prime sexploitation showman Dave Friedman: "Nudie-cuties were very rigid in their construction —you had the boy/girl scene, the girl/girl scene, the orgy scene, and then the kiss-off." These light comedies gave way to Meyer's delirious lower-depths melodramas, and to Radley Metzger's glamorous European-accented romances, and to R.L. Frost's sex-and-violence epics, known as roughies As the 60s wore on, and the courts relaxed standards, soft-core tiptoed toward hard.
The other genre was traditionally shown at stag parties; hence, stag films. These were hard-core shorts, 10 to 20 mins. long, almost always silent (even into the 1960s) and with anonymous performers, usually prostitutes and their johns, who didn't mind displaying their genitals but sometimes masked their faces. The films were essentially documents, documentaries, of two or more people satisfying their urgent desires. The furtiveness was part of the kick for the all-male audience at a Rotary meeting or frat-house smoker. The fact that these films were so raw, and illegal, at a time when publicly exhibited movies couldn't show a tit and couldn't say shit (literally: the 1962 film The Connection was banned in New York state for using the word, though the shit it referred to was not excrement but heroin), made seeing them the ultimate, safe guilty pleasure.

DOING IT IN PUBLIC
The first blow in the one-two punch that brought porn into the open was a 1969 documentary, Pornography in Denmark, from the sexologists Phyllis and Eberhard Kronhausen, the sub-Kinseys of their day. As filmmaker John Waters recollects: "Pornography in Denmark got around the law because it was a 'serious documentary,' right? It was supposedly 'socially redeeming,' but it showed penetration.... It was a big deal because after that there was no turning back. That's the day exploitation films ended —the way Andy Warhol ended Abstract Expressionism in one night by that soup can, the way the Beatles ended rhythm and blues in one night on the Ed Sullivan Show."
Fast on its heels came Mona,the first porno fiction feature, which opened in theaters in San Francisco and New York —and, more important, wasn't closed down by the police. Set in the Bay Area, Mona had no redeeming social interest, only redeeming prurient interest. It's about an engaged girl who has promised her mom she'd be a virgin on her wedding day, but figures fellatio doesn't count. The movie spends its 70 mins. following the parallel adventures of Mona and Mama. (Both generations sup at the loins of Mona's fiance, and take my word, mom's hotter.) When her fiance learns about her outside partners, he insists she have a simultaneous assignation with all four of them, and her every orifice is plundered. Returning home, Mona tearfully says, "Mother, I have something to tell you." Mom replies, "I have something to tell you too, dear." They hug. Fade out on this sadder-but-wiser mother-daughter sisterhood.
Whether it was considered a real movie with explicit sex scenes, or a series of stag-reel exertions with a modicum of plot and characterization added, Mona created the blueprint for 70s porno chic. True to Friedman's recipe, it had the boy/girl scene, the girl/girl scene, the orgy scene, and then the kiss-off. It also boasted an honorable mix of no-budget craftsmanship and hippie-dippie who-cares?
What Mona did not have was any credits —not for the producer (Bill Osco, scion of the nationwide drugstore chain), director (Howard Ziehm) or actors (Fifi Watson, Judy Angel and Ric Lutze). Discretion was probably wise; the cops were less likely to arrest you if they didn't know your name. But in hiding its makers' identities, Mona bowed to the old stigma of the stag film. It was still an anonymous transgression.
One step up from anonymity is pseudonymity. Paul Gerber, the writer-director of my own favorite among the early pornos, the 1971 School Girl, was listed as David Reberg on the credits. Damiano put the name Jerry Gerard on Deep Throat. That film's lead players, Linda Lovelace and Harry Reems, were really Linda Boreman and Herb Streicher. The star of Damiano's next film, Devil in Miss Jones,called herself Georgina Spelvin —George Spelvin being the all-purpose pseudonym for a stage actor doubling a role (and Georgette for an actress). Jamie Gillis, another star of proto-porn, says that when he saw his face on a blue-film poster, "I thought,'My God, I'm a serious actor. People are gonna see this poster and it's gonna ruin my career!'"
Indeed, one of the clues that porn had emerged into respectability was that performers stopped caring about their nominal secrecy. Marilyn Chambers, the star of Jim and Artie Mitchell's Behind the Green Door, didn't mind being known, because it could mean she'd be famous.
DOING IT SERIOUSLY
The two production centers for early American public porn films were San Francisco and New York, and the movies reflected the temperaments of their respective home towns. The San Francisco films have a grainy, cinema-verite style and a behavioral openness that seems a residue of the Summer of Love. Sex is free, man, sex is beautiful, and as long as we're having sex, why not share it with the camera? I don't know much about the performers in films like Mona and School Girl, but I imagine they were friends of the directors rather than professional thespians.
New York porn was both slicker and edgier, more professional, as were its actors. Gillis cites a Shakespeare gig he did forManhattan's Classic Stage Company. Eric Edwards starred in a Close-Up toothpaste commercial; it was pulled when he was spotted in a porn loop. In his 1975 memoir Here Comes Harry Reems(quoted in The Other Hollywood), the actor recalls, "I was doingCoriolanusin some marginal coffeehouse where they passed the hat around at the end of the performance." He got more valuable training when he signed on with two burlesque vets to be the set-up guy, or "third banana," on a tour that included Staten Island andAtlantic City. It was there he learned "the crazy doctor bit" that he would use as Dr. Young, the medical hygienist in Deep Throat.
Not all of the on-screen talent was in it for the art. "I purposely would not act," says 70s performer C.J. Laing. "I despised the people in these films that said they were actors. I was like, 'You've got to be kidding me! This is about fucking and sucking!'" But quite a few thought it was about process and progress. Once the off-Broadway types got into porn, they relied on the actor's invaluable gift for self-hypnosis to convince themselves it was somehow legit. Spelvin, who says she appeared on Broadway in The Pajama Game and Cabaret, recalls, of Devil in Miss Jones, "I took the role very seriously. I was doing Hedda Gabler here! The fact that there was hard-core sex involved was incidental as far as I was concerned. I was totally deluded. I had made myself believe that I was an actress. I was showing true life as it really was —including actual sex as it really happened —instead of the phony stuff that you got from Hollywood. That was my raison d'etre throughout the whole thing. It was okay; I was okay; I wasn't a slut."
Early porn directors also talked themselves into believing they were committing art. Ron Wertheim, Damiano's assistant director onDeep Throat, may only have been shooting porno loops but, he says in the documentary, "I approached those films as if I was Luc Godard or somebody." Damiano, who went directly from hairdressing to helming hard-core, had a similar sense of vocation. He says that after the success of Deep Throat, "If people wanted to interview me because I was a porno filmmaker, I just was not interested in talking to them. But if anyone wanted to speak to me because I made films,then I was happy to...."
His ambition was clear in Devil in Miss Jones. Spelvin plays Justine Jones, a lonely woman who slits her wrists in a bathtub. After dying a virgin, she tells a gatekeeper to eternity that she wants to live out her sexual urges, to be "filled, engulfed, consumed by lust." She briefly gets that wish —which includes intimate contact with bananas and grapes, a snake and (Damiano's favorite marital aid) a water tube. (He has a similar scene in Deep Throat and later devoted an entire movie, Water Power, to high colonics.) With plenty of boy/girl, girl/girl and orgy "action," Devil still takes itself solemnly enough to risk being laughable. But heaven knows it's intense, and an honorable attempt to blue the line between porn and "real" films. As for Spelvin, she isn't a slut; she is a theater-trained actress giving her all for her art.
Most directors with a left-field mega-hit would instantly crank out another picture in the same genre. Not Damiano. He used his cash, and cachet, from his silly porno comedy to make a super-serioso drama. Reading the script of Devil in Miss Jones, Reems told his friend: "Gerry, it's a steal. This is No Exit in its thinnest disguise." To which Damiano replied: "Well, what do you expect? I wrote it in a weekend." Though Devil was a substantial box-office hit, Spelvin notes that "it was not really a very successful porno film. I mean, guys came out of that film shaking their heads, saying, 'I came here to jerk off, I didn't come here to think!'" But that's what Damiano had in mind. He wasn't interested in being another Russ Meyer; he wanted to be Ingmar Fuckin' Bergman.
Which is just what we, in the world of serious filmgoing and film-watching, were waiting for.

TAKING IT SERIOUSLY
Movies were getting sexier in the 60s. I mean films. European ones, Scandinavian ones: Bergman's The Silence, Vilgot Sjoeman's I Am Curious Yellow, that not-so-arty art-house hit I, a Woman. Cinema eroticism came with subtitles, until a renegade Hollywood faction got the word and married social and sexual issues in Medium Cool, Easy Rider and the Oscar-winning Midnight Cowboy—all rated X, back when that designation simply meant a film for adults, not a porno film. Back when sexually urgent films were made for thinking adults. As I say, this was a long time ago.
There was also a healthy substratum of what were called avant-garde movies, shown at college film societies and, in New York, at Amos Vogel's pioneering Cinema 16 film club. Oh yes, it was instructive and ennobling, watching the elliptical 16mm films that some of us thought would take cinema into the post-narrative age and make it a truly modernist art. We also had to admit that movies like Bruce Conner's Cosmic Ray (a naked woman dances to a Ray Charles song) and Stan Brakhage's Window Water Baby Moving (birth, in gynecological closeup) were also, relatively speaking, hot stuff. Carolee Schneeman's Fuses was 18 minutes of lovemaking —lovemaking turned into an art movie because the artist had painted on, or baked, the film stock, but it was photographed whoopee all the same.
I saw Fuses at the Museum of Modern Art, where I worked for a couple of years in the late 60s, before becoming editor of Film Comment magazine, and where I met the foxy lady who would become my wife. MoMA was a jazzy place when the Vietnam War was wearing everyone down, and the new sensuality was perking most of us up. Members watched avant-porn in the private screening room; some had sex on the carpeted floor. (I should say had love, since three Film Department liaisons, Mary's and mine included, ended in late-60s marriages, and all of them are still going strong more than 35 years later.) One MoMA staffer and spouse had a brief business connection with blue cinema: they rented out their brownstone as a location for the porn epic Inside Jennifer Welles.
It wasn't all intramural fun and games. The Film Department also organized public screenings of hard-core quasi-art. On one electrifying evening in 1972, critic Stuart Byron introduced Fred Halsted's dreamy, grainy, gay-sex LA Plays Itself, about which I rather coyly wrote, in Film Comment: "The cul-de-sac of narrative porn may well be the sadomasochistic fist-in-the-socket scene ... which one critic described as the most spectacular sequence since De Mille's parting of the Red Sea in The Ten Commandments." The crowd in the auditorium was respectful, if disconcerted (At the moment of full-forearm penetration, a few viewers whispered "Ouch!").

A FESTIVAL OF PORN
The receptiveness of the establishment to the outlaw sub-art in the early and middle 70s was evident at the two major film festivals I took part in, Cannes and New York. In Cannes' unofficial sidebar, known as the Market, Mary and I saw Behind the Green Door,Lasse Braun's Sensations, Max Pecas' Dictionary of Sex and Metzger's Score, where, after a screening of the film's soft-core version, we were invited to stay for an alternate final reel featuring hard-core sex. (Metzger went on to direct one more arty hard-core, the excellent Paris-shot SM drama The Image, before turning to light-hearted New York porn under the pseudonym Henry Paris.) The Market was just that: a film showcase to lure international buyers. But the porn movies on display fit snugly into the tone of the official Festival. They were serious (if not successful) works, as ambitious as they were lubricious.
At the New York Film Festival, films with intense sexual elements were occasionally part of the 20-some features in the official program. In 1971, the year I joined the festival's selection committee, we showed Dusan Makaveyev's WR: Mysteries of the Organism, which had a hint of hard-core. The following year, the Festival had Bernardo Bertolucci's Last Tango in Paris (Brando, butter), As we discoed fearlessly through the 70s we brought in a porno documentary from France (Exhibition) and a Japanese drama (In the Realm of the Senses) that had hard-core sex and a pretty explicit castration. The clear implication: these pictures were chosen to be in the Film Festival, so they had to be art.
At Film Comment, associate editor Melinda Ward and I put together a special issue on Cinema Sex (January-February 1973). It included Donald Richie's report on Japanese eroductions, Ray Durgnat on Jess Franco, Stephen Farber on sexual censorship inCalifornia, my long interview with Metzger and Ebert's definitive study of Meyer (which is quoted in the first pages of The Other Hollywood. My favorite essay, a real startler, was Brendan Gill's on porno films. Brendan, a New Yorker staff writer for a half-century, and author of the magazine's unofficial history, Here at the New Yorker, was a man of many passions, from theater to architecture to women, and in a sweet seizure of ardor his speech and prose were ever rising to an exclamation point . Pornography was one of those enthusiasms, as he expressed in his Film Comment effusion, called "Blue Notes." A sample:
"I go to as many blue movies as I can find time for, and it amounts to a blessing that two of the most important theatres housing hard-core porn in New York City —the Hudson/Avon for heterosexual blue movies, and the Park/Miller for homosexual ones —are within a couple of hundred yards of my office. At the moment of writing, another fifteen or twenty porn houses are but five minutes away. How lucky I am that this unexpected period of permissiveness should have coincided with my life, and how unready I am to have the period brought to a close by some new ruling of the courts!"
We probably wouldn't have done that special issue if it hadn't been for Deep Throat.

INSIDE LINDA LOVELACE
In essence, Deep Throatis part slapstick comedy, part carnal carnival: it's a burlesque routine (Harry Reems' Doctor Schnorrer routine) wrapped around a sideshow freak stunt (Linda's routine). And the movie —maybe all of porno chic —wouldn't exist if Chuck Traynor hadn't shown Damiano a bedroom trick his wife Linda could do. Which, putting it starkly, was to work a penis not only into her mouth but down her throat. Call it glottal fellatio —a glo-job.
Chuck and Linda came to New York in 1971, and quickly fell into the burgeoning local porn scene. The way she remembers, it was one big family: "You met one person, and he passed you on to the others. The still photographers knew the club owners who knew the madams who knew the eight-millimeter directors who knew the peep show kingpins who knew the adult bookstore owners and on and on. ... I swear, before the week was out, Chuck managed to meet every prominent pervert in New York."
Years later, Lovelace would publish an autobiography, Ordeal, in which she charged Traynor with all manner of brutality: he beat her, threatened her, forced her into Deep Throat and a lesser known but more infamous loop where she has sex with a dog. She found unlikely allies in the feminist movement, who took her case as prima-facie sexual victimhood. In 1986 Linda testified before Congress about her performance in Deep Throat, charging that "Virtually every time someone watches that movie, they're watching me being raped."
Other hard-core workers interviewed in The Other Hollywood dispute some of the Lovelace charges, including that she showed any reluctance to make the girl-meets-dog film. But there's no doubt Linda's life was mostly rough. She had scars on her body from car crashes, of which she endured at least three, including the one that killed her in 2002, when she was 53. An unhappy, possibly abused child, she left home early and had the ill luck to meet Traynor, about whom no one speaks with much affection. He sounds like an expert exploiter. She wrote that, on a visit to Hugh Hefner's Playboy Mansion: "Chuck decided to demonstrate a new trick he had been practicing —putting his entire fist into me. ... At this point everyone applauded, again, just like in an old Fred Astaire movie." A Roman bacchanal, with Hef as Caligula.

MAKING THROAT
Damiano was shooting a 10-min. loop, set in a hospital, with Reems as the patient (he has a bandage bow-tied around his ailing member) and Linda as the ministering nurse. Then she performed her sleight-of-throat. As the actor recalled: "I couldn't believe she ate the whole thing!... It was a frightening sensation. My first thought was, 'Will she bring me back alive?'" (Spoken like a smart third banana.) "Gerry's eyes nearly popped out of their sockets and the cameraman's jaw brushed his shoes. I think all of us there knew we were present at a significant moment in sexual history."
Damiano quickly whipped up a script about a young woman who can't achieve orgasm, whatever her sexual activity. "There should be bells ringing, dams bursting, bombs going off!" she complains to a friend. Dr. Young, after a minute examination, detects Linda's clitoris in her throat. She starts bawling, and he tries to console her. "Having a clitoris deep down in the bottom of your throat is better than having no clitoris at all." "That's easy for you to say,' she snaps. "Suppose your balls were in your ear." He pauses, brightens, and says: "Well, then I could hear myself coming."
When Reems read an early version of the script, he recalled, "I saw a part I was dying to play —and my part was dying to play it, too." (Cue rim shot.) The director was a Reems fan: "I really dug Harry. He's a professional, he's a romantic, and he's an exhibitionist." But for some reason he didn't want him to play Dr. Young. Linda, of course, had to be in the movie; she was the movie. He gave her an alliterative, movie-star name and devised costumes, lighting tricks and cagey camera angles to hide her abdominal scar, a memento from one of her car wrecks. Linda was no goddess. But she was slim and freckled, not your standard porno skank, and her inexperience on screen played like freshness, innocence.
Though the cast and crew were in New York, Deep Throat would be shot in Miami. Why? Mainly because nearby Fort Lauderdalewas the base of operations for Damiano's underworld sponsor. (You need money for a porno in 1971, you don't go to Chase Manhattan.) Louis Peraino, known as Butchie, was the son of Anthony Peraino, Sr., a made man in the Columbo family; one of the five Mafia gangs that ruled New York City. Butchie, who put up the $25,000 for the movie and received producer credit (as "Lou Perry"), was volubly apprehensive about Damiano's new starlet. Lovelace subsequently explained "why Butchie was so critical of me. It wasn't that I might ruin his film or cost him twenty-five thousand. I might make him look bad in front of Daddy."
Whomever Damiano hoped to cast as his male lead wasn't available, so Reems got the job, and Traynor was named production manager. Good thing on both counts. Chuck could be a jealous spouse, so when a sex scene was to be shot, Damiano would send him away on an errand. And Reems had a chance to display his indefatigable performance skills, as a burlesque comic and sex worker, made the enterprise very viewer-friendly. "Harry wasn't a great actor," says long-time porn entrepreneur Fred Lincoln, "but he was a great fucker." Reems is justly proud of his quick preparation for the money scenes: "I can get turned on by a picture of Minnie Mouse." (Fine, Harry, just don't say Pluto!). Even Federal agent Bill Kelly, who would lead the battle to put Harry in jail, offered the grudging praise that "He was the only redeeming thing in the entire movie, as opposed to Linda Lovelace, who's got as much acting ability as a lamp." Reems certainly earned his salary on the film: $250. Linda got $1,200.

The working title had been The Sword Swallower. But "deep throat" (Damiano's coinage) was the picture's key phrase. So he changed it. Damiano: "When we finished the film, the Perainos objected to the title. 'No one will understand it! It's not catchy enough!' 'Don't worry,' I told them. 'Deep Throatwill become a household word.'" He got his way, for which Woodward and Bernstein will be forever grateful. 

THROAT OPENS; WORLD REJOICES
Deep Throat opened at the World Theatre on 49th Street in Manhattan, around the corner from the Time + Life Building. The date was June 12, three days before a break-in at the Watergate Hotel in Washington, D.C. Thanks in part to a rave review from Al Goldstein in Screw magazine, and to a catchy ad campaign that ran in New York dailies ("If you like head, you'll love Throat"), word of, shall we say, mouth spread quickly. The first week's gross was a robust $30,033. What did the audience find? A mildly bright, good-natured comedy with some appealing performers. Among the supporting players, I like Dolly Sharp, who has some screen presence as Linda's friend and confidante. As a man gives her cunnilingus, she nonchalantly lights up, then asks, "Mind if I smoke while you're eating?" He laps away, and the perky song "Great Big Magic Bubbles" is heard.
Damiano squeezed a lot of production value out of his $25,000, including the underscoring, which is full of jolly, ironic pop music, including a version of Mickey and Sylvia's "Love Is Strange" with raunchier lyrics. The comedy is not cruel but sympathetic. Dr. Young loves the deep throat but it exhausts him; an old Jewish guy is one of Linda's most ardent patients, pleading, "Money is no object. Look —I got Blue Cross!" Once Linda locates her tingler, she need only find Mr. Right, a nerd named Wilbur (William Love). The plot dilemma: Linda needs a man with a nine-inch cock, and Wilbur frets that "I'm just four inches away from happiness." Turns out his cock is ... 13 inches long. Ladies and gentlemen: comedy!
I hear you: this isn't porno chic, it's porno shtick. But it was fun and funny in a slummy way. That helped make Deep Throat the American public's ideal induction ceremony into hard-core. Sex-film history was repeating itself. The break-out soft-core film,Teas,, had been a comedy with a gimmick (a man is able to see women naked); Throat had a more ingenious twist, was a cleverer film and a genial buoyancy. And where else were audiences going to see a woman with such control over her gag reflex? Granted, when they saw the film, some viewers couldn't control theirs, but most were diverted. It soon became the date movie du jour.
Before Deep Throat,the mood in a sex-movie theater was solitary, drastically monastic, with patrons seated as far away from one another as possible. The Damiano film turned porn-going into a communal experience. If you were going to see a hard-core movie, this was the one. You could slake your curiosity and amass opinions that would sustain hours of cocktail-party chatter. Celebrities stood in line. Comedians worked the fellatio film into their monologues. Johnny Carson: "This is kinda strange country, isn't it? Judges can see Deep Throat but they can't listen to those [Nixon] tapes." Bob Hope: "I went to see Deep Throat cause I'm fond of animal pictures. I thought it was about giraffes." Bob Hope made a Deep Throat joke on TV! It was like a papal blessing.
Legalized porn had a sister trend in the early 70s: feminism. Deep Throat benefited from that as well. The movie did acknowledge the existence of a clitoral orgasm, though by transporting it to a part of the body where friction would give men equal pleasure. In real life, fellatio can be deemed an act of submission for the woman (and emission for the man). In this movie's life, it brings a woman to ecstasy. "Guess what?" shouts Erica Jong in Inside Deep Throat.. "It's not true!" What is true is that erupting sperm is the money shot of porn films. It's not just that porn is made for the sexual excitement of men; it's that the arousal of the penis is easier to display visually than arousal of the clitoris. As Gill noted in the "Blue Notes" essay: "Simply as theatre, cunnilingus isn't a patch on fellatio, and it is difficult to see what even the most ardent Women's Lib maker of blue movies can do about it."

JUDGE CUTS THROAT; WORLD MOURNS
Until the 70s, New York state had one of the country's stricter film censorship boards. And although Mona and School Girl were shown without incident in Manhattan theaters, the success and attendant news coverage of Deep Throat required police action. (Though the cops interviewed in Inside Deep Throat are among its most receptive critics. "It was stunning, testifies John Goodman of the NYPD. "The cinematography, for a porn movie, was very good. The movie was funny. We knew that this was something different.") On the order of Mayor John Lindsay, the police closed down the film, and in March 1973 Judge Joel Tyler upheld the ban, writing, "This is one throat that deserves to be cut. I readily perform the operation by finding the defendant guilty as charged..." The World Theatre rose to the occasion. Its marquee read: "Judge Cuts Throat —World Mourns."
The Fenton-Barbato documentary makes much of the judicial and law-enforcement politics surrounding Deep Throat. The Nixon Administration tried prosecuting the film from every angle —not surprising, since it was a popular porn movie produced by the Mafia. One federal agent quoted a Peraino underling as saying of the Deep Throat take: "We've got so much money ... we don't even count it any more.... We weigh it." The movie reports that "Deep Throat was made for just $25,000. It grossed more than $600 million." (That last stat is a flexible one, like a guy's street-corner boast about his penis size. It's a tough sell, considering that the movie was banned in 27 states and didn't play the major theater chains.) Whatever the gross, Damiano didn't see much of it. The Perainos told him he was cut out of his one-third share of profits. And you don't argue with the made men. In the documentary, three decades later, Damiano is still afraid to discuss the movie's mob connection.
There's some amusement in statements from 70s moral guardians —such as "It's a floodgate of filth that's engulfed the minds and hearts and souls of America like nothing else ever has" —especially when the speaker is convicted savings-and-loan embezzler Charles Keating. It's a pleasure to watch Reems stalwartly defend his work against the ferociously righteous Roy Cohn (later to die of AIDS after a life of secret gay sex). What isn't so funny is that a Memphis jury found Reems guilty of obscenity for appearing inDeep Throat. "For the first time in U.S. history," narrator Dennis Hopper notes, "an actor had been convicted for merely playing a part." His conviction was overturned on appeal (during the Carter Administration), but booze and drugs took their toll. Within a few years Harry ended up panhandling on Sunset Boulevard
I don't question Inside Deep Throat's emphasis on the Nixon Administration's attempt to muzzle pornography. What I do know is that it didn't work. Publicly exhibited porn flourished for the next decade. New York City, certainly, was much more open in the Lindsay-Beame-and-Koch 70s than it would be in the Giuliani 90s. In the early days you could see such perverse eccentricities asWhy, a Kronhausen documentary about a Danish farm girl, Bodil Joensen, who has sex with her livestock. That one I skipped.
But I did see most of the "major" porn films (a critic's got to do what a critic's got to do). And I found that the filmmakers were eager to explore all kinds of genres. The Mitchells made a Fanny Hill-style period comedy, Autobiography of a Flea. Low-rent auteur Zebedy Colt pornofied a Crucible-like period drama with The Devil Inside Her.) Peter Locke's It Happened in Hollywoodwas a Laugh-In-inspired skitcom; one funny turn featured a man-woman trapeze act called the Flying Fucks. These weren't always very good movies, but they were real ones, with earnest, sometimes accomplished actors, scripts that tried to be clever and increasingly professional production values. Just add screwing.

Recently, simply for you, dear reader, I saw some of them again. Here are thumbnail reviews of five: 

A PORNUCOPIA
Mona, 1970: The Jazz Singerof fuck films, Mona was pretty sure of itself for a lonely pioneer. It had a busy soundtrack: clavichord, old pop tunes, harmonica and jug band music, an Indian raga and a long audio extract from The Taming of the Shrew. It revealed Mona as a kind of fellatio virtuoso: when a guy she has solicited for a back-alley blow job tries to pay her, she replies daintily, "I didn't do it for money. I have a taste for these things." It boasts a piquant blend of tease and sympathy, and has a few laughs at its audience's expense. Mona says she's going to see a film, and Mother advises: "You be careful now. You don't know what kind of people are in a movie house nowadays."
School Girl, 1971: The friendliest, most naturalistic porno I know, Paul Gerber's film about a San Francisco college girl's research into swinging sexuality has no bondage, no discipline, just nice or slightly bent people doing what comes hornily. Debra (charming, unaffected Debra Allen) investigates phone sex, a father-son duo and pornographic literature, plus the inevitable group grope. The finest liaison involves a woman, Elizabeth, who wants to keep her five-year marriage fresh by giving Debra as a present to her husband Tony. The catch: Elizabeth has to "direct" the scene, which she does with a gentle, practiced bossiness. "Tony, your knee's in my way —down!" "Harder, harder!" "Come on, Tony, have a good time. You look so bored." Somehow Tony manages an erection, and Elizabeth joins the party. It's a lovely, and hot, demonstration of the thesis that sex is power —and Elizabeth's the dominatrix. Highly recommended.
Behind the Green Door, 1972: The film became a hit when producer-directors Jim and Artie Mitchell revealed that their star, Marilyn Chambers, had posed for the Ivory Snow box. But it had more going for it than notoriety. Except for the framing device, there is hardly any dialogue. Chambers' mass seduction scene, 10 mins. or so, is accompanied only by the sounds of heavy breathing, moans and the occasional audible wince. One of the film's money shots is given a slo-mo instant replay of the kind Jackie Chan later used for his best stunts; then the same shot in super slo-mo, then in Pablo Ferro-style psychedelic greens and pinks. The last two minutes are extraordinary for a porn film: one extended closeup of a man's and a woman's faces as they kiss (and have sex) —as if the Mitchells understood Bergman's dictum that "Film begins with the human face."
Sensations, 1975: Trying to be a hard-core Emmanuelle, this bit of Euro-decadence by Alberto Ferro (aka Lasse Braun) featured Penthouse Pet Brigitte Maier. She's quite a pretty lass, but doesn't get to do much more than watch until the end, when she accedes to the climactic orgy scene. Seven acolytes of various genders crowd around her, matching their protuberances to her orifices, until she is nearly smothered in closeup. Cut to the seven slowly withdrawing from their feast, and, presto, Maier has disappeared. That's the end —except for the closing credits, where we find that "Julio" was played by "Mexican Anonymous. The lighting cameraman was Dutch Anonymous, the script girl Belgian Anonymous and the assistant editor: English Anonymous. The whole Anonymous family worked on this one.
Alice in Wonderland, 1975: Produced by Osco and directed by Bud Townsend in soft and hard versions, this is a musical fantasy update of the Lewis Carroll tale, with eight or ten perky songs (by Bucky Searles, who had written for the TV show Julia) and orchestrations by Peter Matz, who was Barbra Streisand's music man in her first bloom. Playmate Kristine DeBell, a most engaging cutie, manages the wide-eyed wistfulness as deftly as she executes the phallus-in-wonderland scenes. (Other performers do the hard-core stuff.) The film is spiffy and frolicsome, with a distinct vaudeville tone. Toward the end, during some vigorous sexercise, one of the characters remarks, "After a while they all look the same, don't they?" They do. But Alice is one hard-core comedy that is at least as appealing in its R version.

THE END OF PORNO CHIC
In The Other Hollywood,writer Jack Boulware reminisces: "But —as it happens with everybody who had a great time in the 60s and 70s —it can't last forever, you know?" Though he's referring to the Mitchell brothers, one of whom killed the other in 1991, he could have meant the whole porno chic scene. Professional actors, even of marginal competence, gave way to born-and-bred porn stars like John Holmes in the 70s and Traci Lords in the 80s. "The turning point," says porn director Ed Deroo, "came in 1982, when it finally went all video. I missed film tremendously. Film had soul; video had nothing. Video's just a way of making money. It flows like water, but film had a texture, a feeling, something you could grab onto and feel." Then tragedy struck with the AIDS plague, which took Chuck Vincent, Wade Nichols, Tony Taylor and Holmes. "What happened to the sexual revolution?" asks Humphry Knipe. "It caught AIDS and died."
But porno chic died long before that. If Throat in 1972 stoked the hope that hard-core might fruitfully intersect with mainstream,Jaws in 1975 ended that dream, and a few others. The Spielberg film's success, and that of Star Wars two years later, proved that the big-bucks audience comprised kids and teens, not adults, and it was the young who had to be pandered to. Adult films were largely marginalized, the hard-core back to the old grind houses (and later to video), the Hollywood ones to art houses and Oscar season. It's been that way for 30 years.
The ambitious porn films of the early 70s have basically gone missing. Deep Throat is available (though not through amazon.com) on DVD, and Alice in Wonderland on VHS, but most of the others I've mentioned required a video-store or mail-order scavenger hunt to track down. Some, like It Happened in Hollywood and Damiano's The Story of Joanna, I couldn't find even at my refuge for all things weird and esoteric, Kim's Music and Video in the East Village. Even the major research website makes it difficult to find 70s-porno data. If you go to the IMdb and type in the words Deep Throat (or School Girl, or Behind the Green Door), you will not find the movie; porno is listed only under the actor or director's name. The genre is too scuzzy to list on a big site, and doesn't have the slumming or nostalgia value of the Ed Wood oeuvre.
So you'll have to take my (and Damiano's) word for it. Pornography, and movies, used to be a whole lot more interesting. Granted, I can't authoritatively swear that today's hard-core stinks. That's because I haven't seen a porn video, or digito, whatever they call them, in decades. Except once, a few years ago, in a hotel, for about five minutes.
_
>